La historia de cómo surgió el número uno es también nuestra historia.
En éste documental, se abarcan los temas de cómo el número uno ayudó a crear las primeras ciudades, cómo ayudó a levantar imperios, cómo ayudó a inspirar a los grandes pensadores de la historia y también cómo es su funcionamiento en el dinero como lo conocemos hasta el día de hoy. Finalmente, se observa al número uno combinarse con el número cero para dominar nuestro mundo actual: el mundo digital. Un mundo de unos y ceros.
¿De dónde viene el Uno?
Sus origenes han estado envueltos en un misterio.
Sus origenes han estado envueltos en un misterio.
El nacimiento del número uno surgió hace poco unos 20,000 años, cuando alguien hizo ciertas marcas en un hueso para contar. El hueso, mejor conocido como El Hueso de Ishango es el artefacto matemático más antiguo que se conoce y se encontró en El Congo.
Se pueden observar las marcas, y se sabe que cada una representa al número uno, ¿cómo es posible saberlo? Bueno, alguien lo usó para contar porque hay 60 marcas en un lado del hueso y 60 del otro lado. Detrás, están también en grupos enumerados. Eso no se puede hacer sin contar.
Cuando el ser humano evolucionó en su forma de vivir, dejó de habitar las cuevas naturales y comenzó a construir sus propias cuevas: casas.
El número uno evolucinó también, los sumerios dejaron de representarlo con una marca y decidieron que éste sería una ficha. Con la invención de las fichas en forma de cono, se pudo no sólo sumar, sino también restar y les permitió a los sumerios hacer cosas y actividades que nadie jamás había hecho. Se inventó la aritmética y el número uno continúo creciendo.
La necesidad de una escritura o representar las cantidades surgió de hacer marcas sobre una tableta de arcilla. Así se hacía un registro de los números. En sumeria, el uno era parte de un sistema complejo de contabilidad.
En egipto, el uno se convirtió en una medida y ampliaron su talento aún más. Usaban los números para contar el trabajo de día a día y los representaban con símbolos simples, aunque el faraón utilizaba cifras más grandes con símbolos más adornados sólo para contar a sus prisioneros.
El uno tenía otro empleo que los egipcios querían que hiciera y quizá el más importante de todos. Necesitaban que el uno los ayudara en las construcciones. Los egipcios definieron su versión propia del uno. La basaron en el largo del brazo del hombre, desde el codo hasta la punta de los dedos más el ancho de la mano. Así, el uno fue conocido como el codo, la medida de todo, la regla indiscutible.
Con la ayuda de ésta nueva medida, los egipcios pudieron construir con una exactitud asombrosa lo que desearon.
Más adelante, el uno se convertiría en la esencia del universo. Sería un dios griego. Todo comenzó hace unos 2500 años en la antigua Grecia gracias a Pitágoras. Él fue el primero en dar con la idea de números pares e impares y les asignó un sexo. El uno era hombre, el dos era mujer y demás. También le fascinaban los números enteros, los grupos de unos, y se dio cuenta de que ciertos de ellos creaban formas agradables. El tres forma un triángulo, el cuatro un cuadrado . . .
.Pitágoras también sabía que el uno podía ayudar a explicar una de las dudas filosóficas esenciales de la época. Según Pitágoras, todo estaba hecho de números, incluyendo la música. Gracias a él, conocemos la escala de música que tenemos hoy en día: do, re, mi, fa, sol, la, si.
Pitágoras se dio cuenta de que los números enteros son la razón de los sonidos hermosos y dedujo que las matemáticas eran la base de todo, lo que podía exlicar las armonías de todo, el cosmos. De ahí surge la frase: la música de las esferas.
Finalmente, la creencia de que el universo estaba hecho de unos, fue una mentira. El mismo triángulo que hizo famoso a Pitágoras fue la prueba de su error. Sin embargo, el uno estaba por iniciar una nueva carrera.
Los matemáticos que siguieron después de Pitágoras ayudaron a que el avance de los números creciera. Arquímedes encontró una fórmula y probó que sería útil. Gracias a Arquímedes, los cartógrafos modernos pudieron convertir el globo terráqueo en un mapa plano. El uno ya no era la esencia del universo, pero ayudaba a crear la era dorada de las matemáticas teóricas.
Una nueva fuerza se desarrollaba en el mundo y el número uno sería dominado por personas que tenían obsesiones muy distintas: los romanos. A ellos sólo les interesaba el poder. El uno sería un servidor de Roma. Éste debía dejar el mundo teórico de las formas abstractas y asumir asuntos más prácticos.
Los romanos lo usaron para imponer un rídigo yugo numérico en sus ejércitos. Hasta los castigos se plegaban a principios numéricos. Si el ejército perdía la batalla, uno de cada diez soldados era asesinado.
Él y sus colegas le enseñaron a los números una gran cantidad de trucos nuevos, ecuaciones cuadráticas: álgebra.
Ningún número despertaba más sospecha que el socio del uno, el número cero. Un escritor expresó que era un signo que creaba confusión y dificultades. Al cero se le llamaba cifra y se le trató con tal nivel de sospecha que de esa palabra vino la denominación de código secreto o cifrado.
Leibniz diseñó una máquina binaria (que jamás construyó), que usaba canicas de metal y ranuras. Desde ahora, los errores parecían ser cosas del pasado. La era digital se alistaba para apoderarse del mundo.
Los romanos lo usaron para imponer un rídigo yugo numérico en sus ejércitos. Hasta los castigos se plegaban a principios numéricos. Si el ejército perdía la batalla, uno de cada diez soldados era asesinado.
Los romanos hacían sus cálculos en una tabla para contar, una versión antigua del ábaco. Los números sólo se utilizaban para registrar los resultados finales.
Al expandirse el imperio romano, también lo hizo su sistema numeral. En los próximos 500 años, toda Europa, desde España hasta Turquía, caería bajo control romano. Incluso, luego de caer su imperio, su sistema numeral sobreviviría.
Aunque sl sistema numeral parecía ser indestructible, no lo era. Su némesis llegó del este. De India, para ser preciso, el año 500 de nuestra era. El uno tenía un primo hindú que vivón en una atmósfera bastante exótica. Los hindues parecían estar menos preocupados por su organización militar que por renunciar al mundo y hallar la iluminación. Los hindues dieron con unos números estupendamente grandes, un ejemplo, el Rajju. Un Rajju es la distancia que recorrería Dios en seis meses. También está en Palya. Un Palya es el tiempo que tarda en apilar un cubo de lana de 10 km de alto si ponemos un hilo por cada siglo.
A diferencia de los romanos, los hindues desarrollaron un sistema para manejar los grandes números. Desarrollaron un símbolo distinto correspondiente del uno al nueve. Los números que usamos hoy se llaman arábigos, pero en realidad nacieron en India, hacía el 500 a. C.
Pero hace unos 1,500 años o un poco más, a alguien se le ocurrió una increíble idea. La mayor revolución en los números desde que los sumerios inventaron las matemáticas, una creación que cambiaría al mundo. Inventaron un número completamente nuevo: el cero.
Por primera vez habían convertido la nada en un número.
Con sólo 10 dígitos, los hindues podían dar con números infinitamente grandes y pequeños. El uno había conseguidio al compañero perfecto en el cero. Una sociedad que iba a cambiar al mundo.
Gracias al resto de los dígitos, la ciencia de la India pudo adelantarse.
Gracias al resto de los dígitos, la ciencia de la India pudo adelantarse.
El sistema numeral de la India llegó al mundo islámico y un sabio quedó maravillado por todos ellos: al-Jwārizmī. Un matemático persa-musulmán.
Él y sus colegas le enseñaron a los números una gran cantidad de trucos nuevos, ecuaciones cuadráticas: álgebra.
Las nuevas azañas númericas hicieron que las ciencias como las matemáticas y la astronomía alcanzaran su máxima expresión en el medio oriente. El sistema de la India se convirtió en un gran éxito en el mundo islámico, pero al otro lado del mediterráneo la europa cristiana seguía dominada por el invencible ejército de los números romanos.
El principio del fin de los números romanos comenzó en las costas de África del norte: Algeria.
Leonardo Fibonacci, un joven italiano, hijo de un diplomático de misión en Argelia, quedó tan maravillado por los números hindues que cuando volvió a casa decidió llevárselos con él.
Leonardo Fibonacci, un joven italiano, hijo de un diplomático de misión en Argelia, quedó tan maravillado por los números hindues que cuando volvió a casa decidió llevárselos con él.
En 1202, escribió su famoso libro de cálculo llamado precisamente así, el libro del cálculo. Fibonacci es considerado uno de los más grandes matemáticos de todos los tiempos y su libro fue en su época una introducción al sistema numeral hundú. Pero Fibonacci no fue un teórico aislado de su entorno, parte de su libro de cálculo estaba destinado específicamente a los mercaderes.
Las personas no confiaban en el nuevo sistema numeral y preferían quedarse con el antiguo sistema, el romano. Después de todo, lo habían usado durante mil años.
Algunos paìses tenian su propia moneda y al llegar a otro lugar tenían que cambiar sus monedas con un banquero. Esa persona tenía su propia banca, una tabla donde hacían sus cuentas y era en números romanos. Así las personas se daban cuenta de todo lo que hacían, en cambio, con el nuevo sistema no podían estar seguros si les robaban o no.
Algunos paìses tenian su propia moneda y al llegar a otro lugar tenían que cambiar sus monedas con un banquero. Esa persona tenía su propia banca, una tabla donde hacían sus cuentas y era en números romanos. Así las personas se daban cuenta de todo lo que hacían, en cambio, con el nuevo sistema no podían estar seguros si les robaban o no.
La desconfianza estaba presente y en 1229, la ciudad de Florencia llegó al punto de prohibir que los mercaderes usaran los nuevos números en sus cuentas. Debían usar números romanos.
Ningún número despertaba más sospecha que el socio del uno, el número cero. Un escritor expresó que era un signo que creaba confusión y dificultades. Al cero se le llamaba cifra y se le trató con tal nivel de sospecha que de esa palabra vino la denominación de código secreto o cifrado.
Siglos después de que Fibonacci trajera el sistema numeral de la India a Italia, al fin pudieron ganar la guerra contra los viejos números romanos. Con el capitalismo no convenía tener un sistema de números romanos. El nuevo sistema era rápido y versátil, adenás de que hacía mejor equipo con el cero y el uno a la cabeza.
El cero y el uno se independizaron del sistema numeral para planes en el futuro. El grupo completo de números tomó al mundo occidental por asalto. Con ellos, a los navegantes Europeos se les hizo más fácil calcular la latitud y por eso se atrevieron a cuzar el gran océano sin ver la tierra a la que iban a llegar.
Así fue que llegaron a América. Los nuevos números se convirtieron en el vocabulario de la banca moderna que conocemos, pero había demasiado margen para un viejo problema: el error humano. Alguien se atrevió a remediarlo.
Gottfried Wilhelm Leibniz, fue uno de los más grandes mtemáticos de todos los tiempos. Tanto que se decidió liberar a la humanidad de la maldición del error humano.
Al tratar de hacer ésto, Leibniz inventó algo que aún afecta nuestra vida cotidiana. Es un invento que le daría al uno la oportunidad de dominar al mundo. Estaba convencido de que podía erradicar el error humano con una máquina calculadora mecánica y la construyó. En ella usó todos los números, del cero al nueve. Fue en ese entonces cuando tuvo una mejor idea, una idea inspirada por su filosofía.
Leibniz, estaba convencido de que el cero y el uno eran los únicos números que el mundo necesitaba. Con ambos númerosm podía alcanzar cualquier sueños matemático y eliminar el error humano.
Por eso se deshizo de los otros números y desarrolló un sistema que constaba sólo de unos y ceros. Lo llamó: el sistema binario.
Leibniz diseñó una máquina binaria (que jamás construyó), que usaba canicas de metal y ranuras. Desde ahora, los errores parecían ser cosas del pasado. La era digital se alistaba para apoderarse del mundo.
El uno y el cero tuvieron que esperar 265 años más para hacerse notar una vez más. Colossus fue la primera máquina binaria, pero era electrónica. El sueño de Leibniz hecho realidad. En ella, el uno y el cero, el todo y la nada viven al fin en su elemento en forma de corriente electrónica, encendida y apagada.
Colossus fuera creada en la segunda guerra mundial e instalada en la cede de la inteligencia británica en Bletchley Park. Consta de 12,000 perillas, kilómetros de cables y cientos de componentes mecánicos.
Pero al igual que las computtadoras avanzdas de hoy, el corazón de ésta máquina es el uno y el cero. En su forma electrónica binaria, el uno y cero realizan millones de cálculos rápidos, tanto como para descifrar códigos enemigos antes de los alemanes pudieran sacarle punta a sus lápices.
Gracias a Colossus, los aliados conocían el contenido de los mensajes alemanes antes que el propio Hitler.
Quizá ésta extraordinaria máquina ayudó a cortar la guerra en un par de años, pero la tecnología que se inició en Bletchley cambió nuestro mundo para siempre.
Quizá ésta extraordinaria máquina ayudó a cortar la guerra en un par de años, pero la tecnología que se inició en Bletchley cambió nuestro mundo para siempre.
En la era de las computadoras todo nuestro mundo se mantiene en una corriente de unos y ceros, desde nuestras cuentas bancarias y registros médicos hasta el código de barras de los productos. El resto de los números pueden considerarse relegados a la papelera de la historia. Unos y ceros son todo lo que necesitamos. El viejo y habilidoso dúo ha triunfado sobre todos.










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